¿Son eficaces los cursos en línea?

¿Qué valor tienen en comparación con los presenciales?

Esta pregunta ha estado en la mente de todos desde el comienzo del confinamiento en marzo pasado. Antes, aunque la formación online existía desde hacía muchos años, el modelo educativo seguía siendo el del aula física con un profesor frente a un grupo de alumnos, una pizarra y libros. ¿Fue este un buen modelo? Ciertamente, ya que funcionó durante varios siglos. Sin embargo, este modelo nunca se había cuestionado, no sólo porque era eficaz, sino también porque no se conocía ninguna alternativa. Sin embargo, los medios tecnológicos actuales y, sobre todo, la urgencia de la pandemia ha provocado la aparición de la competencia de los cursos en línea, Zoom, Teams, Skype.

La variedad de ofertas de formación disponibles hoy en día y la facilidad con la que se pueden poner en marcha la convierten en una herramienta muy solicitada en las empresas: soporte online u offline, aprendizaje individual o en grupo, con o sin presencia de un formador, posibilidad de grabar y repetir el curso.

¿Qué enseñanza se adapta mejor a vuestra situación?

Si es así, ¿cómo sabéis cuál es la mejor para vosotros personalmente? Tratemos primero de entender la visión negativa que se tiene de cada fórmula y veamos también sus puntos positivos.

En general, cuando las empresas ofrecen un curso a distancia a sus empleados, éstos se muestran reticentes porque piensan que la empresa es tacaña (¡ni siquiera puede permitirse un profesor de verdad!), los alumnos están solos (distancia del profesor). A veces no os sentís capaz de enfrentaros a los problemas relacionados con la tecnología, tenéis miedo de no tener explicaciones claras y precisas, de recordar mal las reglas, teméis que no haya un seguimiento pedagógico.

En compensación, el aula virtual es instantánea. Os levantáis de la cama o de vuestro sitio de trabajo, os maquilláis y encendéis el ordenador a la hora acordada con el profesor, y ya estáis en el aula, sin perder tiempo y dinero en viajes. Además, podéis seguir el curso desde la oficina, desde un hotel o prácticamente desde cualquier lugar en el que os encontréis, siempre que tengáis conexión a Internet.

Además, las clases presenciales son criticadas por ser anticuadas e ineficaces, aburridas (gramática, escritura), difíciles de planificar (desplazamientos, cursos demasiado largos…), incompatibles con la vida profesional y familiar. La clase presencial requiere un desplazamiento, ya sea del profesor (al domicilio del alumno) o del alumno a la academia. Se necesita tiempo, y también coste, o gasolina, o transporte público. Por otro lado, tienen la ventaja de permitir una interacción privilegiada con el profesor, parecen más humanos. La presencia física facilita la comunicación.

Al final, las dos opciones son muy diferentes, pero no se puede decir que una sea mejor que la otra porque hay ventajas y desventajas en ambos lados.

Otra forma de ver el aprendizaje

Aunque ambos tienen ventajas y desventajas, hay un elemento importante del que no se habla mucho y que me gustaría destacar aquí. El curso virtual os permite observar vuestro propio aprendizaje desde una perspectiva diferente y optimizarlo. En primer lugar, el curso en línea requiere más atención y concentración que el curso presencial, ya que sólo se puede confiar en el oído, ya que el aspecto visual es más limitado. Esto es especialmente interesante para los cursos de idiomas, ya que la demanda de concentración es mayor en la clase Skype, lo que significa que hay que agudizar el oído más rápidamente. Esto es lo que llamamos pedagogía activa. Aunque el curso online pueda parecer más lejano, os permite tener acceso a un mayor número de recursos y actividades que desarrollan su creatividad. Para ser más precisos, lo que mejor funciona es aprovechar los servicios (vídeo, mensajería instantánea) para personalizar el curso para cada alumno. El uso de la tecnología es, pues, una forma de ser más activo, de aprender haciendo en lugar de limitarse a escuchar. Cuanto más interactivo sea el curso, más aumentarán los beneficios al hacerlo vuestro, ya sea de forma independiente. Sentiréis que realmente tomáis las riendas de vuestro aprendizaje.

Además, la educación a distancia os ayudará a conoceros mejor. De hecho, al estar más involucrado en los mecanismos de vuestro propio aprendizaje, sabréis si sois más visual o si aprendéis mejor escuchando. Si necesitáis escribir todos los días o si necesitáis unos días para digerir la lección. Os involucraréis más en vuestro propio aprendizaje.

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